Giros de la Historia

Escrito por: ONEFA / Salvador Larios Pérez.

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Para la gran final de la NFL de 1936, coincidieron dos franquicias que por primera vez, desde la oficialización del juego de campeonato, llegaron a esta instancia.

Ambas escuadras, hoy dos de las franquicias pilares del máximo circuito profesional del futbol americano a nivel mundial, vivieron giros trascendentes en su historia. Una vio el final de su primera etapa; la otra, el inicio de una era brillante que abanderaría un revolucionario jugador, adelantado a su tiempo.

Por un lado estaban los campeones de la División Este, los Pieles Rojas de Boston, y no, no es un error tipográfico. Esa fue la última temporada en la que llevaron esa denominación.

George Preston Marshall adquirió una franquicia de la NFL, que en algunos medios se dice que era la de los Tornados de Newark, en 1932, y en otros que era una franquicia nueva. El prospero dueño de una cadena de lavanderías en la capital de los Estados Unidos, el Distrito de Columbia, llevó su franquicia a la ciudad de Boston y originalmente le puso el mote de “Braves” (Bravos), pues compartirían estadio con la franquicia de beisbol que jugaba en la Liga Nacional, y que actualmente se encuentra en la Ciudad de Atlanta, Georgia.

Un año después, Marshall lleva su franquicia a Fenway Park y le cambia el mote por el de “Redskins”. Se dice que fue en honor al Head Coach William “Lone Star” Dietz, quien fuera egresado de la Escuela Indígena Industrial de Carlisle (CIIS), y en 1916 llevara a los Pumas de Washington State al triunfo (su único a la fecha) en el Rose Bowl.

Marshall demostró ser un hombre con un gran instinto para los negocios y el espectáculo. Fue él quien, tras el duelo de desempate entre los Osos de Chicago y los Espartanos de Portsmouth, por el campeonato de 1932, impulso las reformas para que un pase adelantado fuera legal desde cualquier punto detrás de la línea de scrimmage, que se establecieran los “hashmarks” para iniciar una jugada a por lo menos 10 yardas de distancia de las líneas laterales (distancia que ha variado a lo largo de la historia), y sobre todo, la separación de la liga en dos Divisiones para la celebración de un juego de campeonato anual.

Al interior de su equipo, “GPM” fue igualmente revolucionario. Su equipo fue el primero en contar con su propia banda de marcha e himno, muy al estilo del futbol americano colegial, y en aprovechar el medio tiempo para dar majestuosos espectáculos al público aficionado.

Pero no se puede negar que Marshall fue un hombre de profundos claroscuros, y uno de ellos fue su exacerbado racismo. Fue él uno de los principales impulsores para que la NFL impusiera una férrea barrera racial, a la usanza de la ya existente en las Ligas Mayores de Beisbol, y que se extendió de 1933 a 1946. De hecho, incluso varios años después de esa fecha, sus Pieles Rojas serían el último equipo en toda la NFL en admitir a un afroamericano en sus filas.

Otro de los problemas de Marshall, era su reconocida falta de paciencia. Por más esfuerzos que hizo, nunca logró encender el interés de la afición bostoniana por su equipo. Alguna vez, llegó a quejarse de que un prestigioso diario local prestaba mayor atención al equipo de hockey sobre pasto femenino del colegio Radcliffe, que a sus Pieles Rojas.

Las bajas asistencias de 1936 fueron la gota que derramó el vaso, y en plena temporada anunció que mudaría su franquicia a la capital del país. El último juego de los Redskins en Boston fue una victoria por 30-0 sobre los Piratas de Pittsburgh, que les significaría el liderato de su división con una marca de 7-5, y que para los aurinegros significó el inicio de una especie de “maldición” que se extendió hasta la era del Super Bowl. Apenas 4,813 espectadores se dieron cita en Fenway Park para esa despedida.

Pero para echar sal a la herida, aunque en ese año le tocaba recibir la final a su equipo, Marshall decidió llevarse el juego de campeonato al Estadio “Polo Grounds” de Nueva York, dejando en claro su amargura contra la afición de Massachusetts.

Enfrente de ellos estarían los monarcas del Oeste, los Empacadores de Green Bay, que contaban con un jugador de segundo año, que es universalmente aclamado como el primer receptor abierto moderno.

Don Hutson fue una estrella en múltiples disciplinas en la Preparatoria de su ciudad natal, Pine Bluff, Arkansas, pero al llegar a la Universidad decidió enrolarse en la Universidad de Alabama, donde conformó un ataque aéreo adelantado a su tiempo, junto al QB Millard “Dixie” Howell. Hutson era el ala estelar de la Marea Guinda. El ala del lado opuesto, se llamaba Paul “Bear” Bryant, quien años después sería uno de las más legendarios Head Coaches en la historia de la NCAA.

Hutson recibió dos pases de touchdown de Howell, en el triunfo de Alabama por 29-13 sobre Stanford, ante casi 85 mil espectadores en la XXI edición del Rose Bowl. Y mientras Howell migraba al sur de la frontera y llevaba al Universidad al tercero de 12 campeonatos nacionales consecutivos en la Primera Fuerza (hoy Liga Mayor) del futbol americano en México, Earl “Curly” Lambeau convencía a Hutson de viajar al pequeño poblado del Estado de Wisconsin.

Hutson demostró ser al futbol americano lo que en su momento el sueco Gillies Grafström fue al patinaje artístico: un hombre que dictó cánones sobre patrones de ruta que los practicantes de sus respectivas disciplinas tomarían como patrones a seguir por muchas décadas subsecuentes.

Curly Lambeau era un entrenador más orientado al juego aéreo que la mayoría de sus contemporáneos, y en ese 1936 todavía contaba con los servicios del QB Arnie Herber, quien había lanzado pases a Johnny Blood (McNally) en el equipo tricampeón de 1929-31. Los Packers dominaron la división oeste con marca de 10-1-1. De hecho, los Osos de Chicago (9-3) y los Leones de Detroit (8-4) terminaron el torneo regular con mejor marca que los líderes del Este.

Un total de 29,545 espectadores se dieron cita en el magno coso neoyorquino para el juego de campeonato, y cuando apenas habían transcurrido tres minutos del tiempo regular, Herber conecto con Hutson en un pase bomba de 43 yardas para dar a los Packers una ventaja que ya no perderían, aunque los Redskins se acercaron 7-6 antes del descanso, con una carrera de una yarda de Ernest “Pug” Rentner, pero la falla del punto extra.

El segundo medio fue totalmente de los Empacadores, que capitalizaron la preocupación de la defensiva bostoniana por Hutson para anotar por otras vías. Un pase de ocho yardas de Herbert a Milt Gantenbein abrió la delantera, y una carrera de dos yardas de Bob Monnett sellaron el triunfo definitivo de Green Bay por 21-6, para el cuarto campeonato de su historia y el primero en un juego de campeonato.

Ese sería el despegue de una segunda época brillante para Curly Lambeau y para su ciudad, última representante de los pequeños poblados en los que se gestó el futbol americano profesional.

Los ya denominados Pieles Rojas de Washington regresarían por sus fueros en 1937, abanderados por el único jugador que, en los siguientes 10 años, sería tan emblemático para la NFL, como el jugador que dio nombre a la denominada “Era Hutson”.

En cuanto al Estado de Massachusetts, pasaron 24 años para que tuvieran otra franquicia en una liga eventualmente considerada como plenamente profesional, 49 para disputar un campeonato de la NFL, 65 para conseguirlo, y de ahí, en un lapso de apenas 18 años, convertirse en la primer gran dinastía del deporte profesional estadounidense del Siglo XXI.

Pero esas son otras historias.


Bibliografía.

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